Nov 192011
 

[:us]Can machines translate? Do we really need people?

We’ve all heard Aesop’s Fables at one time or the other, and the morals or sayings that follow. This fable also has a moral at the end.

A few years ago, an agency contacted me to edit a manuscript. It was an engineering text by a French engineer on one of the products of the international electronics company who employed him.

The manuscript had been machine translated by computer. The assumption was that only some tweaks and touch ups would be required.

Bien sur, how different can engineers be? They all think the same, n’est-ce pas? — in bullets, specs, and short sentences. (Unless they get lost in a thicket of product features, and can’t stop themselves from going into excruciating technical details about each one).

These assumptions held until a real human being tried to read the manuscript. Sacre bleu! (BTW, this is an out-dated phrase, no longer used except by Hercule Poirot in Agatha Christie novels. You will see how apropos this is to our fable). It was incomprehensible, undecipherable, and in no language known to humankind.

Undaunted, they presented me with the original French text. I brushed off my high school and college French and prepared to power through it. Après tout, I had already worked with many engineers, and had always been able to coax, tease, or bully the necessary information from them, even when they were unable to see the forest (the application/benefits to the customer) for the trees (their beloved technical features).

But this was a French engineer. A French engineer who was a graduate of the Sorbonne, and dedicated to defending French language and culture from the Barbarians.

The language was florid, roundabout, verbose. I showed the manuscript to a friend who had just completed her Ph.D. thesis on Rameau, the Baroque French composer born in 1764. “Oh, this is exactly like the source materials I’ve been dealing with,” she said.

To give just one example of what awaited me, there was a thirty-page section comparing etiquette in the Court of Louis the Sun King to the etiquette in the royal court of savages on a South Sea Island. (The manuscript was also politically incorrect).

What could this possibly mean? After exhaustive — and exhausting — brainstorming with various technical writers and engineers, we had our “Eureka!” moment. The author was comparing the etiquette used in the Court of Louis the Sun King to the etiquette used by “savages” as an analogy for electronic crosstalk. Incroyable!

I finally whipped the manuscript into shape, with the French engineer resisting every single adjustment or change. He had labored over his oeuvre in his own cultural context, and didn’t want to reduce his flowing, if florid, prose to dry engineeringese.

By the time the manuscript was truly translated — not just word for word but into a comprehensible, acceptable text for English-speaking engineers, replete with bullets, specs, and short sentences — the product had been withdrawn from the market.

The answer of our initial question is — malhereusement for the folk who would like to dispense with the human interface — is that yes, we still need people.

Translation is never word for word. It always takes place in a cultural context. Someone has to understand the message and communicate it in the language and form that the target audience can comprehend. Mais oui, we still need translators.

The Moral: Hire a Human! Human beings who want to communicate with any other human beings should hire a human translator.

[:mx]¿Pueden traducir adecuadamente las máquinas? En realidad, se necesitan a seres humanos para la traducción?

Todo el mundo ha leído o escuchado una vez las Fábulas de Esopo, y las moralejas o dichos sabios que las siguen. Esta fábula tiene moraleja, también.

Hace unos años, una agencia me contrató para editar un manuscrito. Era un texto de ingeniería escrito por un ingeniero francés, sobre uno de los múltiples productos de la compañía electrónica internacional que lo empleaba.

El manuscrito había sido traducido por computadora, y la compañía esperaba que sólo algunos ajustes y retoques serían necesarios.

¿Bien sur, pueden ser tan diferentes los ingenieros de un país a otro? ¿Todos piensan en el mismo, n’ est-ce pas? — en viñetas, especificaciones y frases cortas. (Excepto por los momentos cuando el ingeniero se pierde en una maraña de las fascinantes características del producto, y se siente obligado a describir cada una en penoso detalle técnico).

Se perdió la ilusión de traducción cuando un ser humano intentó leer el manuscrito. Sacre bleu! (Para su información, “sacre bleu” es una frase anticuada, que ya no se utilizan salvo por Hércules Poirot en novelas de Agatha Christie. Verá cómo esto es pertinente a nuestra fábula). El manuscrito era incomprensible, indescifrable y en ningún idioma conocido por la humanidad.

Impertérritos, me presentaron con el texto original en francés. Rápidamente, hice un repaso del francés que había estudiado en la preparatoria y me preparé a conquistar el manuscrito por fuerza bruta. Après tout, ya había trabajado con muchos ingenieros y siempre había sido capaz de convencerles de darme la información que yo buscaba, sea por las burlas o la intimidación, cuando no eran capaces de diferenciar el bosque – (el uso del producto en la vida real y las ventajas para el cliente) y los árboles – (las características técnicas que tanto amaban).

Pero, espérese—el autor de este manuscrito fué un ingeniero francés. Un ingeniero francés que se graduó de la Sorbona, dedicado a la defensa de la lengua y cultura francesas en contra de los bárbaros (nosotros, los no franceses).

El estilo del manuscrito era flórido, rotondo, verboso.

Compartí el manuscrito con una amiga que acababa de finalizar su doctorado, escribiendo la tesis doctoral sobre Rameau, el compositor francés de la época barroca, nacido en 1764. “Ésto es exactamente igual al estilo de los materiales fuentes originales que leía para la tesis,” me dijo.

Para dar sólo un ejemplo de los retos que me esperaban, había una sección de treinta páginas que compararon la etiqueta en la corte real de Luis XIV, el Rey Sol, con la etiqueta en la corte real de “salvajes” en una isla del Mar del Sur. (El manuscrito también era políticamente incorrecto).

¿Qué demonios podría esto significar? Después de varias lluvias de ideas exhaustivas y agotadoras con diversos escritores técnicos e ingenieros, llegó nuestro momento de “Eureka!” El autor estaba comparando la etiqueta que se utilizaba en la Corte de Luis Rey Sol a la etiqueta de “los salvajes” como una analogía de interferencia electrónica. Incroyable!

Finalmente, logré traducir el manuscrito en una forma aceptable y comprensible, mientras que el ingeniero francés resistía cada ajuste o cambio. Él habia trabajado duro en su obra maestra, dentro de su propio contexto cultural, y no quería reducir la prosa tan clásica y fluída, aunque fuera también florida, a un lenguaje de “engineeringnese” o “ingenieresa” tan seco.

Desgraciadamente, con tantos cambios y tanta resistencia, mucho tiempo había pasado, y cuando se había realizado la traducción verdadera en un texto comprensible y aceptable para los ingenieros angloparlantes – repleto de viñetas, especificaciones y frases cortas – el producto ya había sido retirado del mercado.

La respuesta de nuestra pregunta inicial es un “sí” contundente: malhereusement para la gente que preferería eliminar la interfaz humana — sí, se necesitan a seres humanos para la traddución adecuada.

No se puede traducir jamás palabra por palabra. La traducción siempre se realiza en un contexto cultural. Se necesita que alguien humano comprenda el mensaje para comunicarlo en el idioma y forma comprensibles y acepetables para el público objetivo. Mais oui, todavía se necesitan a nosotros los traductores.

La moraleja: ¡Contrate a humanos! El ser humano que quiere comunicarse con otros seres humanos debe contratar al traductor humano.

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